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Epidemiología

El Virus del Papiloma Humano (VPH) es la infección de transmisión sexual más frecuente. Se transmite principalmente por contacto sexual directo (vaginal, anal u oral)1, aunque también puede contagiarse a través del uso compartido de juguetes sexuales que no hayan sido correctamente desinfectados. De forma excepcional, una madre con condilomas puede transmitir el virus al bebé durante el parto.

Se estima que la mayoría de las personas sexualmente activas entrarán en contacto con el VPH a lo largo de su vida. Aproximadamente el 85 % de las mujeres y el 90 % de los hombres adquirirán una infección por VPH en algún momento. Aunque el riesgo de infección aumenta con el número de parejas sexuales2, cualquier persona puede contraer el virus, incluso manteniendo relaciones con una única pareja.

En muchos casos, la infección no produce síntomas y el sistema inmunitario consigue controlar y eliminar el virus de forma espontánea en un plazo aproximado de dos años. Sin embargo, en un porcentaje de personas la infección persiste, lo que puede favorecer el desarrollo de lesiones asociadas al VPH. Factores como la edad, el tipo de VPH o el tabaquismo pueden aumentar el riesgo de persistencia de la infección.

 Tras adquirir el virus, éste puede permanecer inactivo e indetectable durante un tiempo prolongado. Cuando se detecta, no es posible saber cuándo se produjo la infección ni quién la transmitió.

Clasificación

Actualmente se han identificado más de 200 tipos de VPH, aunque solo 4 afectan al área genital. 

VPH DE BAJO RIESGO


El VPH de bajo riesgo rara vez causa cáncer. Sin embargo, algunos pueden provocar verrugas anogenitales, o en algunas partes del tracto respiratorio como la boca o la garganta.

Cuando las verrugas se forman en las vías respiratorias, puede presentarse una afección llamada papilomatosis respiratoria, que puede causar problemas para respirar. Los tipos de VPH de bajo riesgo más comunes son los tipos 6 y 11.

VPH DE RIESGO MEDIO
Todavía no se ha podido determinar si el riesgo de provocar algún tipo de cambio maligno en las células es alto o es bajo. Algunos tipos que pueden incluirse en esta categoría son el 26, el 53 y el 73.

VPH DE ALTO RIESGO


Los tipos de VPH de alto riesgo se detectan con mayor frecuencia que los de bajo riesgo en la población general. Son los tipos de mayor relevancia clínica, ya que pueden causar infecciones persistentes que favorecen el desarrollo de lesiones precancerosas y, si no se detectan y tratan a tiempo, algunas pueden evolucionar a distintos tipos de cáncer. 

Los genotipos 16 y 18 son los más importantes, ya que son responsables de aproximadamente el 70 % de los cánceres de cuello uterino. Además, los VPH de alto riesgo también están implicados en la mayoría de los cánceres de vagina y ano, así como en una proporción significativa de los cánceres de vulva, orofaringe y pene. Entre los principales genotipos de alto riesgo se encuentran los tipos 16, 18, 31, 33, 35, 39, 45, 51, 52, 56, 58, 59, 66 y 68.

De qué depende la remisión espontánea del VPH

En la mayoría de casos, nuestro sistema de defensas eliminará el virus en un periodo de dos años. Sin embargo, en ocasiones, nuestro sistema inmunológico no es capaz de eliminarlo ya que el virus puede permanecer indetectable durante un largo periodo de tiempo. Mientras el virus no sea detectable, el riesgo de desarrollar cualquier tipo de lesión a largo plazo es muy bajo. Por otro lado, cuando el virus se detecta de forma continua en los controles, es cuando se considera que hay una persistencia y por lo tanto, un riesgo a desarrollar lesiones, que, con el tiempo, y siempre que no sean debidamente tratadas, pueden evolucionar a un estadio más grave.

¿Por qué al sistema inmunitario le cuesta detectar el VPH?

El VPH tiene una estrategia que le permite pasar desapercibido durante un tiempo. A diferencia de otros virus, se multiplica de forma discreta dentro de las células de la piel y las mucosas, sin provocar una inflamación intensa. Esto hace que el sistema inmunitario tarde más en reconocer su presencia y eliminarlo

El virus entra en las células basales del cuello del útero a través de pequeñas lesiones microscópicas. Una vez dentro, tiene la capacidad de «camuflarse» frente al sistema inmunitario: se replica sin dañar la célula ni generar inflamación, y bloquea algunas de las señales que normalmente alertarían a nuestras defensas. Por eso, en muchos casos, el sistema inmunitario tarda en detectarlo. Sin embargo, cuando el organismo cuenta con una respuesta inmunitaria eficaz, es capaz de reconocer estas células infectadas y eliminarlas, resolviendo la infección en uno o dos años en la mayoría de los casos. Cuando esto no ocurre —por ejemplo, si las defensas están debilitadas o el virus consigue mantener su camuflaje durante más tiempo— la infección puede persistir, y es entonces cuando aumenta el riesgo de que aparezca algún tipo de lesión. 

La eliminación del VPH por parte de nuestro sistema inmunológico depende, en gran medida, de seis factores:

1. EL TIPO VIRAL:

Hay muchos tipos diferentes de VPH que están clasificados dependiendo de si tienen un alto riesgo para el desarrollo del cáncer de cuello uterino (los más comunes son los tipos 16 y 18) o un bajo riesgo (los más comunes son los tipos 6 y 11). Los tipos de alto riesgo, como el 16, tienen la capacidad de escapar de la respuesta del sistema inmunitario, lo que dificulta el control y la eliminación del virus. 

2. LA EDAD: 
A medida que envejecemos, las defensas pueden ser menos eficaces, lo que hace que el virus pueda persistir durante más tiempo. 

3. EL ESTADO DEL SISTEMA INMUNITARIO: 
Existen enfermedades o tratamientos farmacológicos que pueden debilitar o suprimir la respuesta del sistema inmunitario, dificultando la eliminación del virus.

4. HÁBITOS SALUDABLES QUE REFUERZAN EL SISTEMA INMUNITARIO:
Un estilo de vida equilibrado que englobe llevar una dieta rica en frutas, verduras y nutrientes (vitaminas A, C, E y ácido fólico), realizar actividad física con regularidad, el uso correcto y consistente del preservativo y dejar de fumar puede prevenir la persistencia del VPH.

5. EL EQUILIBRIO DE LA MICROBIOTA VAGINAL:
A diferencia de la microbiota intestinal, es recomendable que la microbiota vaginal sea poco diversa y esté principalmente compuesta por Lactobacillus crispatus, una especie beneficiosa que se relaciona con la remisión de las lesiones causadas por el VPH. Por el contrario, la diversidad microbiana con presencia de Gardnerella vaginalis se ha relacionado con mayor persistencia de la infección y estadios más graves de lesiones cervicales.

6. LA ESTRUCTURA HISTOLÓGICA DEL EXOCÉRVIX UTERINO: 
Un cuello uterino bien epitelizado y con zonas de transformación limitadas, proporciona una barrera física contra el VPH, dificultando su entrada en las células.

Prevención del VPH y lesiones asociadas

Existen cuatro maneras básicas de hacer prevención del virus del papiloma humano y de sus lesiones asociadas: la vacuna, las revisiones regulares ginecológicas, el uso del preservativo siguiendo una vida sexualmente responsable y hábitos saludables.

1. LA VACUNA

Se estima que la administración masiva de cualquiera de las tres vacunas que existen contra el VPH en chicas adolescentes antes de iniciar su vida sexual logrará reducir notablemente el riesgo de contraer la infección y, por tanto, de desarrollar cáncer de cérvix.

A pesar de que tiene su máxima eficacia antes del primer encuentro sexual, también puede administrarse después, aunque la protección puede ser menor si ya han estado expuestas a alguno de los tipos de VPH incluidos en la vacuna. Además, también es recomendable la vacunación en los hombres, ya que se trata del principal grupo de población portador del virus.

Esta vacuna, está indicada para prevenir lesiones y cánceres relacionados con los tipos de VPH de alto riesgo, así como las verrugas genitales causadas por los tipos de VPH 6 y 11. 

Se trata de una vacuna preventiva, no terapéutica; es decir, no elimina una infección por VPH ya existente ni trata las lesiones causadas por el virus. 

Los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades (CDC) recomiendan la vacunación rutinaria contra el VPH para niñas y niños a los 11  – 12 años, pudiendo iniciarse a los 9 años. Asimismo, recomiendan la vacunación de rescate («catch-up») hasta los 26 años para quienes no fueron vacunados previamente. En adultos de entre 27 y 45 años no vacunados, pueden decidir vacunarse contra el VPH después de hablar con su médico sobre el beneficio individual de la vacunación en función del riesgo de adquirir nuevas infecciones por VPH.

 

2. LAS REVISIONES GINECOLÓGICAS


Son muy importantes ya que, con la realización de una citología cervicovaginal y/o una prueba de VPH, el ginecólogo o experto en salud femenina podrá detectar la presencia del virus y lesiones cervicales. Esto permitirá su tratamiento precoz, disminuyendo la probabilidad de desarrollar estadios más graves que podrían pasar de forma silenciosa e inadvertida.

3. LA EDUCACIÓN SEXUAL Y EL USO DEL PRESERVATIVO

La educación sexual es una herramienta esencial para la prevención de la infección por VPH y otras infecciones de transmisión sexual. Su objetivo es proporcionar información veraz sobre la infección por el VPH, sus posibles consecuencias y las medidas necesarias para mantener una sexualidad responsable y saludable.

El uso correcto del preservativo reduce el riesgo de transmisión del VPH. Sin embargo, no ofrece una protección completa, ya que puede transmitirse a través del contacto con zonas genitales que no quedan cubiertas por el preservativo. Es importante tener en cuenta que, en un 40% de las veces, los profilácticos no se utilizan de forma adecuada. Un buen uso del preservativo implica colocárselo antes de cualquier contacto genital, manteniéndose hasta el final de la relación

4. HÁBITOS SALUDABLES

Además, mantener unos hábitos de vida saludables que incluyan una alimentación equilibrada y que estén alejados de tóxicos como el tabaco reduce el riesgo de que, en caso de infección por VPH, esta persista o progrese hacia una lesión.(7)

Además, mantener unos hábitos de vida saludables que incluyan una alimentación equilibrada y que estén alejados de tóxicos como el tabaco nos ayudará a reducir las posibilidades de contraer el VPH.

Transmisión y mitos acerca del VPH

La principal vía de transmisión del VPH es por contacto sexual directo, ya sea vaginal, anal u oral, por contacto piel con piel en la zona genital, o bien por el uso de objetos o juguetes sexuales que no hayan sido debidamente desinfectados.

Aunque existen muchos falsos mitos acerca de este virus, lo cierto es que, basándonos en la evidencia científica recopilada hasta el momento, se puede concluir que:

  • Es un virus que muchas veces pasa inadvertido y no produce ningún tipo de síntoma.
  • Tanto la mujer como el hombre pueden contraerlo y transmitirlo.
  • El riesgo de infección aumenta con el número de parejas sexuales que se tengan, aunque puede bastar un único contacto sexual con una persona infectada para contraer el virus.
  • Aunque es muy poco común, no es imposible que una madre gestante transmita el VPH al bebé en el momento de dar a luz si cuenta con condilomas en el canal del parto, lo que podría ocasionar papilomatosis laríngea al recién nacido.

No se ha demostrado que el virus se transmita por:

  • Ir a piscinas, jacuzzis, gimnasios o entorno deportivo.
  • Asientos de baño.
  • Besos, abrazos u otros contactos fiicos no sexuales
  • Abrazos u otros contactos físicos no sexuales.
  • Higiene personal deficiente.
  • Juguetes, alimentos o utensilios.

Síntomas de VPH

¿Cómo saber si se tiene la infección por VPH?

Como ya hemos mencionado, en muchas ocasiones el VPH actúa de manera silenciosa y no es posible darnos cuenta de su existencia. Es por ello que resulta tan importante acudir a las revisiones ginecológicas periódicas, que incluyan un test de VPH y una citología.

Si esta prueba tiene un resultado positivo, será necesario realizar un seguimiento médico, así como las demás pruebas que el especialista determine necesarias.

Es importante tener en cuenta que la infección por los distintos tipos de VPH es muy variada y que sus manifestaciones clínicas pueden ser muy distintas.

  • Lesiones visibles o clínicas: se aprecian a simple vista, como las verrugas genitales.
  • Lesiones no visibles o subclínicas: no se detectan a simple vista, pero sí mediante técnicas como la colposcopia o la citología, que permiten identificar cambios característicos en las células y el epitelio.
  • Infección latente: el ADN del virus está presente en las células, pero sin producir cambios visibles ni detectables por citología o colposcopia, es decir, en un estado inactivo.

¿Qué puede pasar si se tiene el VPH?

La infección por VPH es muy frecuente y, en la mayoría de los casos, no produce síntomas ni se asocia a cáncer. Un resultado positivo no debe ser motivo de alarma: indica la presencia del virus, pero no implica que exista una lesión ni que necesariamente vaya a producirse.

En la mayoría de las mujeres, la infección se resuelve de manera espontánea gracias al sistema inmunitario.

En un porcentaje pequeño, la infección puede convertirse en persistente y originar cambios celulares en el cuello del útero, que se suelen denominar lesiones y que se detectan a través de citología; se confirman mediante colposcopia y, si es necesario, biopsia. Es importante distinguir que infección por VPH y lesiones cervicales no son lo mismo: las lesiones son una posible consecuencia de una infección que ha persistido en el tiempo.

Otros tipos de VPH pueden causar lesiones clínicas visibles, como los condilomas o verrugas genitales. Estas sí producen síntomas, aunque corresponden a tipos de VPH de bajo riesgo que no se asocian al desarrollo de cáncer.

Condilomas o verrugas genitales causadas por el VPH de bajo riesgo

Se trata de lesiones visibles que pueden aparecer tanto en el cérvix como en otras zonas de los genitales femeninos o masculinos como la vagina, la vulva, la uretra, el ano, el pene, el periné, la laringe o la piel.

Aparecen como lesiones irregulares, descritas a menudo como la forma de una coliflor. Pueden ser del mismo color de la piel, o bien rosadas o blancas, únicas o múltiples, blandas, de tamaño variable o confluentes.

Aunque las verrugas genitales deben ser tratadas y pueden producir molestias al paciente, su pronóstico no conlleva gravedad y rara vez derivan en lesiones cancerosas.

Lesiones en el cuello del útero causadas por el VPH de alto riesgo

El cuello del útero o cérvix, y en concreto una zona muy específica llamada la zona de transformación, es el área genital con mayor riesgo de que se produzcan infecciones persistentes por VPH, ya que contiene células inmaduras en pleno proceso de cambio y división celular que resultan especialmente vulnerables a la infección.

Una vez se ha producido la infección, el virus utiliza la maquinaria de estas células para replicarse, alterando su ciclo normal de crecimiento y división. Esto puede provocar cambios progresivos en la forma y organización de las células del cuello del útero. Cuantas más células se vean alteradas, mayor será la gravedad de las lesiones premalignas que podrían dar paso a la aparición de cáncer.

Según el grado de afectación, podemos distinguir entre:

  • Lesiones de bajo grado (LSIL) o menor gravedad, con una mayor probabilidad de ser eliminadas de manera espontánea.
  • Lesiones de alto grado (HSIL) o mayor gravedad, que tienen una mayor probabilidad de persistencia y un mayor riesgo de evolucionar a cáncer cervical.

En cualquier caso, el ginecólogo o experto en salud femenina será quien determine cuál es la conducta más indicada a seguir en función del caso concreto de cada paciente.

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